El feminismo bien entendido
El feminismo es un fenómeno multiformeque ha tenido sus variantes, cohexistentes o no, a lo largo del tiempo: el feminismo de la diferencia, el radical, el filosófico, el anarcofeminismo, el ecofeminismo, el feminismo separatista, el liberal, etc. Otras aceptan que feministas y masculinistas son aliados naturales contra un enemigo común, el sexismo, que puede ser tan dañino para los hombres como lo es para las mujeres
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Estas variaciones presentan sus divergencias y particularidades, pero van encaminadas a la afirmación del sexo feminino con igual aptitud que el sexo masculino; de la misma manera que la igualdad de derechos entre ambos sexos.
Sin embargo, en muchas de sus manifestaciones estas formas de feminismo tienden a manifestarse de la misma forma que lo que critican respecto a la masculinidad: con bien cortas miras.
Un feminismo bien entendido e inteligente casa con un masculinismo bien entendido e inteligente. Se complementan ambos:
Como sucede con la mayoría de los movimientos sociales, no hay consenso acerca de lo que constituye exactamente el masculinismo. Para algunos, el término describe la creencia de que los géneros masculino y femenino deben considerarse complementarios y necesariamente interdependientes. Tales expresiones de masculinismo se construyen sobre la idea de que los papeles de género diferenciados son naturales y deben estar libres de interferencia gubernamental.
Estas afirmaciones no por ser simples y categóricas pasan por ser menos ciertas y con vigencia. Han de ser tenidas en cuenta con esa simplicidad y con su valor conciliatorio.
El tratar de negar evidencias biológicas y seculares le puede llevar al feminismo a posturas poco objetivas con la realidad. El afán de diferenciación puede provocar groseras formas de comportamiento y errores comunes, de los que adolecen los que erigen blanco de sus críticas.
El mimetismo no es válido y la diferenciación tiene que encaminarse hacia la adaptación y sintonía con la masculinidad. Amplios cauces de compromiso se abren a una compaginación de ambas posturas.
La defensa de status de más poder e influencia sólo lleva a repetir errores que se denuncian en el otro sexo. Las reivindicaciones, en el feminismo bien entendido, deberían ir en la senda de la afirmación de los roles propios que conllevan ventajas y desventajas tenidas a la par de las que se producen en un masculinismo bien entendido. La diferencia bienadmitida lleva a la igualdad bien llevada.



