Vamos a hacer unas consideraciones sobre la cibercultura al hilo de un post de Julia Puig en Biblioteca entre ayer y hoy.
En el panorama actual se da la situación de una saturación informativa: la información fluye, se estanca, desaparece. Algunas cosas pierden vigencia, otras cosas quedan postergadas. La supervivencia del dato deviene en epopeya. Las necesidades de comunicación son las mismas. La percepción crítica se diluye.
El uso y el abuso de la informática instan hacia una cibercultura, donde no hay entidades ligadas a espacio y a tiempo y sí se produce el fenómeno de la interactividad. La interactividad es un camino de ida y vuelta, las directrices se trazan de forma solidaria.
El devenir humano adquiere un nuevo sentido cuando en la sociedad del ciberespacio la información y la comunicación cobran protagonismo y relieve. Se distinguen como facetas acreedoras de status humano. El ser humano asume la información y se comunica en simbiosis en derroteros de modernidad.
El ciberespacio que apunta Lévy conjuga universalidad y totalidad para el ámbito informático. La globalidad de los seres humanos se ven instados a una participación. Las diferencias y los límites al desarrollo frenan la llamada universal.
La llamada sociedad de la información que estamos viviendo trae interrogantes sobre la generación de información, su tratamiento, su conversión, su recepción, su almacenamiento, etc. Cada interrogante es una respuesta con fecha de caducidad.
La globalización de la mano de la complejidad de medios ha permitido capacidades ascendentes de almacenamiento y soportes cada vez más reducidos. Las redes en línea permiten centros de información en todo momento. Se ha posibilitado la comunicación y se han reducido barreras.
La cibercultura se inserta en la sociedad de la información instaurando dinámicas y tensiones. La información llega a través de unos nuevos medios y capacita para una recepción polivalente. El usuario se implica, se ve colapsado y prescinde, asume y compacta. La comunicación oscila y refleja prioridades.
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Estimada Marta, agradezco la referencia que realiza sobre mi último post. Es un tema largo de analizar y, sin duda, muy interesante. Efectivamente, la cibercultura ha modificado nuestra forma de recibir el conocimiento, el saber y la información. Ha cambiado la cantidad y el acceso de la información, los medios de comunicación han ampliado sus fronteras. En la reflexión que realizaba el otro día decía que una de las peculiaridades de la cibercultura es precisamente que está desprovista de centro, de líneas directrices, de entidades ligadas a un tiempo y un espacio. Quizá, aquí radique uno de los elementos esenciales de nuestra reflexión, la información y la comunicación son la clave y unidos a la sociedad del ciberespacio crean una nueva forma del devenir humano.
Estimada Julia,
me interesa el tema de la cibercultura y me gustó mucho el enfoque que dabas en el post de tu Blog. Me limité a parafrasear, poniendo en "mis palabras" lo que exponías tú, aspectos muy útiles. Te agradezco tu post que me sirvió de referencia y concuerdo contigo en lo de la conformación de un nuevo modelo de devenir humano gracias a la cibercultura. Sin embargo, no está todo dicho. A mí me gustaría tener por fin voz propia y atreverme a opinar sobre el tema en independencia de otras personas. Mas considero que hoy por hoy el apoyo de voces como la tuya u otras me resulta de provecho, utilidad y mucho beneficio intelectual. Gracias, Julia.