Este post versará sobre la Formación Experiención y la capacidad de liderazgo en las organizaciones. Me sirvo de un brillante artículo redactado por Nona Martín i Falcó.
He extraido la casi entera totalidad del post. Los principales fragmentos son los siguientes:

Desde hace ya algunos años se ha introducido en nuestro país la Formación Experiencial como una manera efectiva y mesurable de promover el cambio dentro de las organizaciones. Básicamente, la Formación Experiencial actúa en el terreno de los cambios de actitudes en las personas y provocando la creación de aprendizajes de manera profunda y duradera mediante un proceso de 4 partes:

- Experimentación, por el participante, de una actividad o situación específica.

- Observación reflexiva de la actividad realizada. Esta fase se realiza con el soporte de un facilitador, que ayuda y guía la reflexión en función de los objetivos concretos de la acción y que han sido previamente detectados y analizados.

- Interpretación o conceptualización abstracta de lo sucedido durante la experiencia. Es este el momento de la creación, porque los participantes crean sus propios aprendizajes.

- Experimentación de los aprendizajes creados durante la actividad profesional.

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El líder, el buen líder, persigue cuatro metas principales:

- Conseguir los resultados marcados.
- Desarrollar a las personas que forman parte de su equipo.
- Respetar los valores y la cultura de la empresa.
- Gestionar y promover el cambio en la organización.
Y es que hay que comenzar a ser conscientes de una vez por todas que las empresas son algo más que estructuras generadoras de riqueza: son estructuras humanas, poseedoras de una cultura y conjunto de valores propios que configuran su identidad. Por lo tanto, es crucial potenciar dentro de esa cultura, de esa red que ordena la vida de las empresas, la capacidad de respuesta de las personas en cada una de las situaciones que vive la organización. Hay que generar situaciones que proporcionen a los miembros de las empresas herramientas adecuadas para el cambio, y en eso los líderes han de marcar el terreno y jugar un papel fundamental.
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Por ello, la Formación Experiencial ofrece un espacio de reflexión único para que el líder pueda identificar sus puntos fuertes, y también sus áreas de mejora, desde una doble perspectiva: individual y sistémica.

- De forma individual, desarrollando procesos de acompañamiento personal o coaching, donde el facilitador o coach ayuda a la persona a hacer conscientes sus necesidades y áreas de crecimiento. Para ello deben establecerse previamente unos objetivos, ya que sólo entonces podrán hacerse conscientes los principales aprendizajes necesarios para lograr este objetivo.

- De forma sistémica, desarrollando acciones en las que participa el equipo de trabajo del líder, y éste realiza un aprendizaje en referencia a la organización en la cual lleva a cabo su tarea como profesional.

Esta doble perspectiva (individual y sistémica) de la Formación Experiencial constituye un proceso único y global. Se trata de acciones complementarias que ayudan al desarrollo de la persona desde una perspectiva humanista y vivencial, ejerciendo un efecto multiplicador en el proceso personal de desarrollo y produciéndose un feedback bidireccional. En todo caso, sea cual sea el formato de la acción, la Formación Experiencial pone en evidencia que el participante es el responsable último de su propio desarrollo. Se convierte así en el agente activo en el proceso de aprendizaje, y eso constituye un valor diferencial de enorme interés.